Carabias nos sorprenderá por la galería porticada que rodea la iglesia románica de El Salvador, del siglo XIII, que destaca por sus arcos orientados al mediodía y poniente. La puerta es de una sencilla hermosura. Precisamente, el nombre de Carabias deriva del término ligur “carau”, que significa piedra o roca, por la que abunda en los alrededores. Liguria es la región italiana cuya capital es Génova, por lo que resulta sorprendente las vueltas que a veces dan las palabras por la geografía lingüística hasta llegar a un lugar.

 Después del paseo por Carabias y el trago de agua fresca en alguna de las dos fuentes del pueblo  y saliendo de Cardamomo, subiremos la pequeña cuesta que hay en la placita junto al hotel y, tras superarla, giraremos a la derecha para alcanzar la parte mas alta del pueblo. De allí, nace la pista que sube a la meseta. Son trescientos metros de subida lisa, aunque empinada, pero que merecen totalmente la pena por lo que arriba nos espera. Será una sorpresa encontrarnos con la gran extensión de pradera y bosque de robles. Allí el silencio forma parte del paisaje y el viento que corre sin oposición será el único sonido que escuchamos en tan singular paisaje, además de aspirar, sin intermediarios, el perfume de los endrinos y el romero.

 La ruta atraviesa la pradera y se adentra en el espeso robledal que se extiende frente a nosotros. . Este se compone de quejigos y algún melojo. Entre ellos se distinguen porque este último tiene una hoja más grande y lobulada, aunque no es raro encontrar ejemplares híbridos. Ambos conservan las hojas secas en las ramas hasta la primavera siguiente, cuando brotan las nuevas hojas. Se trata de un bosque reciente, con mayoría de ejemplares jóvenes y en buen estado de conservación. Una explotación racional ayuda a su buen estado, basada en la saca de leña mediante “suertes” de la que se benefician los habitantes de los pueblos.

 Siguiendo todo de frente nos adentraremos en el robledal, propiamente dicho. Allí, podemos caminar por terreno llano y accesible durante kilómetros sin ser molestados, a no ser por el encuentro fortuito con algún gamo o perdiz. Se puede llegar hasta el pantano del Atance. En este caso, es preferible proveerse de un buen pic-nic y agua.

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